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ARAÑANDO LA EFICIENCIA.

Ensayo para principiantes como yo.




La casa.
Acabo de terminar una materia en la especialización que estoy haciendo. Tenía que ver con los sistemas de control en la gestión pública. Voy a ser sincero, le dediqué poco tiempo a la totalidad del programa, sólo le puse corazón a lo que vi en clase y a uno que otro ensayo que pude leer estos días; a pesar de eso le presté mucha atención al tema de los indicadores, y en la práctica diaria en la institución donde laboro traté de accionar cada cosa que aprendí.

Los indicadores son, para explicarlo de forma sencilla, aquellos datos cualitativos o cuantitativos que se calculan desde formulas especificas para decirnos si estamos cumpliendo con las metas de nuestros planes, si estamos sacándole el mayor provecho al tiempo, a los recursos humanos, financieros u otros, y también nos dicen si hay algún efecto o impacto en el cumplimiento de nuestros objetivos. Podemos también saber cómo nos está yendo económicamente y cuál es la calidad de nuestro producto o servicio.

El tema es muy ameno, lo veo de la siguiente forma. Antes de continuar les pido que no perdamos de vista el título del ensayo, al final buscaré mostrar la relación de tal título con lo que diré a continuación. Fíjense, supongamos que nos disponemos a construir una casa en un periodo de un (1) año, partiendo del mes de noviembre. Tenemos Bs. 120.000 para hacerla. Es una meta que debo cumplir antes de noviembre del próximo año. Si cumplo con esa meta seré “eficaz” en lo que me propuse hacer. O sea, hice lo que debía hacer. No estamos hablando de la calidad ni de la funcionalidad de la casa, ni mucho menos del método asumido. La hice y punto, por eso soy eficaz. Hice la casa en 12 meses, con Bs. 120.000.

Ahora bien, supongamos que en lugar de hacerla en 12 meses, la hago en 6 meses. No obstante con eso, me entero que hay unos insumos más económicos y de igual calidad que los que tenía pensado usar, y los compro. Aparte, unos amigos se disponen a ayudarme a construir, lo que me permite disminuir el gasto en la mano de obra. Solo debo asegurarles sus tres comidas los días que trabajen. Con lo ahorrado puedo colaborar con alguna fundación o consejo comunal de la zona. O incluso puedo comprarle cauchos nuevos al carro. Siendo esto así, pude construir la casa en la mitad del tiempo estimado y pude ahorrar para comprar los cauchos. Eso me hace “eficiente”: no solo hice lo que debía hacer, sino que aproveché de tal forma los recursos que ahorré dinero y cumplí la meta en menos tiempo. Aún no hablamos de calidad ni de la buena o mala funcionalidad de la vivienda. Mucho menos de satisfacción.

Por último, tenemos el efecto de lo que se hizo. El cuadro es este hasta ahora: se construye la casa en 6 meses. Se hizo. Y se hizo en menos tiempo del planificado. Se aprovecharon todos los recursos con los que se contaba. Se ahorró dinero. Pero ¿qué pasaría si la casa construida se convierte en la mejor casa de la zona, y todos quieren copiar su diseño? ¿Qué pasaría si los habitantes de la casa encuentran que nada supera la comodidad que hallan dentro de ella? ¿Qué quiere decir que a diferencia de las demás casas, esta fue hecha de tal manera que es la única de su ámbito geográfico que no han podido robar los amigos de lo ajeno? Ocurre esto, hay un efecto: al mudarme sentí el efecto que se traduce en satisfacción, y a la gente le gustó tanto que copió el modelo. Y pasa que hay un impacto: con el tiempo se nota que es la única casa que no roban. Eso se llama ser “efectivo”. La efectividad se traduce en la satisfacción, el efecto positivo, el impacto de aquello que se hizo, y aunque sea distinta a la calidad, tienen un vínculo muy íntimo pues esta última la coadyuva en el logro de los fines supremos.

A la efectividad hay que prestarle atención.
No tener conciencia del efecto e impacto que estamos teniendo en las metas propuestas es lo mismo que no darle importancia a la satisfacción e insatisfacción que tiene la población en relación al servicio que le prestamos. Obviar la efectividad (efecto e impacto) es no darle importancia a la calidad de lo que estamos haciendo. Lo más grave de todo es esto: si tienes una Visión (como parte de un Plan Estratégico) pero no estás evaluando la satisfacción, el efecto positivo, la percepción de los usuarios (ciudadanos) y la calidad, en relación a los objetivos establecidos y sus metas, entonces no sabemos si estamos logrando alcanzar tal Visión, o si nos estamos alejando de ella. O incluso estamos siendo indiferentes ante cualquier hallazgo que tengamos frente a nuestras narices.

Por ejemplo, si yo visualizo a Venezuela como un país socialista bolivariano del siglo 21, pero no mido ni evalúo la efectividad (efecto en el corto plazo, impacto en el medio y largo plazo) de las políticas que estoy aplicando, entonces el socialismo bolivariano del siglo 21 será menos que una utopía, será la más grande ilusión e incluso estafa que nos hayan vendido. O puede perder su rumbo (si es que había claridad en lo que supone que era su rumbo). Otro caso es que se tenga como visión el desarrollo socio productivo de la nación, pero no se mida el impacto de las políticas que alrededor de esta Visión se generen. El indicador de efectividad nos da la lectura de cómo nos va con la visión.

En Venezuela estamos arañando la eficiencia.
Entonces, aquí terminamos, en el enunciado. En Venezuela no avanza la gestión pública porque estamos luchando con el “ser eficientes”. Al parecer no es que rechacemos medir la efectividad, e incluso aplicar las recomendaciones y nuevos saberes que surjan de tal medición, empiezo a pensar que no hemos podido superar el tema del “hacer”, y el “hacer optimizando los recursos” con los que contamos. En un país rico actuamos como si los recursos fueran escasos, y realmente en las instituciones terminan siendo escasos, pero no por la ausencia de riquezas en la faz del territorio, sino más bien porque nuestras actitudes frente al trabajo y frente al dinero nos corroen de tal forma que terminamos reñidos con la correcta organización, con la indispensable planificación, con la sana politización, con la necesaria sistematización, con la urgente modernización y automatización de nuestros sistemas de seguimiento y control, y por consiguiente la gestión pública termina hundida en el pantano de la burocratización y la corrupción tal como lo hemos vivido desde el siglo pasado y aun hoy, profundizada y consolidada la estructura rentista, lo seguimos padeciendo.

Actualmente en Venezuela estamos arañando la eficiencia, estamos trepando sobre las espaldas de la pobre para ver si podemos adelantarla, y mientras, nos preguntamos ¿estamos realmente luchando por trascenderla? No podría dar una respuesta definitiva al respecto. Lo que podemos notar es que no estamos siendo efectivos en las políticas que estamos implementando. Los servicios públicos así lo constatan. La improvisación así lo corrobora. La mediocridad y la descomposición social agudizan el contexto. Tenemos los recursos, tenemos la gente, tenemos la oportunidad de rectificar nuestro distanciamiento de la ética y la transformación, pero ¿podremos dejar de arañar la eficiencia y empezar a trabajar por un país de mejor calidad, un país modelo para el resto de las generaciones? ¿De qué depende?

No pude tocar el tema de la economía como parametro en los indicadores, seguiré aprendiendo y en un próximo ensayo lo plantearemos.
@Danieltorrellas

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