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La locura de Venezuela.

Serie RelampaNotas



La locura de Venezuela.

Revisando algunas ideas de Manuel Castell en cuanto al individualismo en red, el cyberlugar y la tendencia del individuo de esta época a crear carteras de sociabilidad, me conseguí con esta frase: “crisis de la participación ciudadana”. Me llama la atención el tema de la participación no sólo porque el término ha sido víctima de connotaciones que responden al interés, por ejemplo cuando la gente participa en un proceso democrático en el que tienen que elegir por dos opciones impuestas. Me llama la atención porque pese a las tensiones y distensiones que integralmente ha vivido la Nación estos últimos 15 años, aquí en Venezuela estamos desafiando la física global del Confort. He allí la locura de Venezuela.

Escuché una vez que el Cigarrón, ese interesante insecto negrito que nos espanta con su zumbido, según las leyes de la física no puede volar. El peso de su cuerpo no corresponde con las características de sus alas. Sin embargo, vuela. Sea cierto esto o no, me parece una analogía válida para el caso. Venezuela desafía la inercia de la democracia occidental. Aunque la forma de participar se manifiesta hoy en día de diversos modos, en Venezuela el espíritu de la participación política propuesta tiene que ver con el encuentro del uno con el otro en su territorio común. Es una participación de carne y hueso. La sociedad de la información, con la desmadrada competencia tecnológica amparada por una ciencia en avance exponencial, le ha dado al individuo todos los elementos para no salir al encuentro de los ciudadanos. En Venezuela, la idea de ciudadanía es proporcional a la participación en la calle, bien sea a través de la discusión en espacios como los que plantea el artículo 70 de la CRBV, las elecciones que en el artículo 5 también se establecen, u otros mecanismos relativos a los medios de comunicación, las marchas, protestas, y pare de contar.

Ahora bien, la locura va por aquí. Tú puedes tener en la comodidad de tu casa una PlayStation, Xbox o Wii, Internet con todos los medios de comunicación y todas las redes sociales habidas y por haber, televisión por cable o algún servicio de satelital como el de DirecTV, CANTV o Movistar, o cualquier otro decodificador de tv de alta definición. Imagínate todo eso en el confort de tu cuarto, con el aire acondicionado, con el cafecito con leche, con la cocacola, o con el juguito de guayaba (es un escenario, no la totalidad de los hogares, mucho menos la totalidad de la distribución del tiempo de los tales; qué quede claro). No solo tienes la computadora de escritorio, sino la laptop, y ahora también la tableta, sumada al teléfono móvil, sea androide, Iphone, Blackberry; ellos son un brazo del cuerpo humano, y del venezolano. Ya la mitad de las transacciones que hacías antes, las haces vía web. Por otro lado, tienes el deber y el derecho de ir a la Asamblea a decidir cómo vas a ordenar tu territorio, tu barrio, tu urbanización. Tienes el deber y el derecho de decidir cómo usar el presupuesto de tu comunidad. Tienes el deber y el derecho de revertir la cultura socio-política relativa a la gestoría malsana y representatividad inducida. Tienes el derecho de exigir de diversas formas que quienes han sido electos para "representarnos" hagan las cosas como debe ser, y también tienes el deber de hacerlo sin violentar la vida del ser humano que te rodea, y mucho menos sin vulnerar el ambiente que nos da tanto.

Trato de decir que hay algo en esta época, relacionado con la tecnología, y la comunicación entre los individuos, que está en constante riña con la idea de una democracia ajustada a su esencia de gobierno del pueblo. Confort, distracción, apatía, tedio, pasividad, individualismo, son algunas de las variantes que pueden estar incidiendo en la crisis de participación, e incluso en la forma como percibimos la misma. Ahora bien, saber si quienes participan directamente lo hacen por necesidad o porque les interese la democracia en su más profundo sentido etimológico, también debe ser parte de este debate. Quizás, el mayor promotor de la Democracia Participativa y Protagónica como elemento constitucional, el Estado mismo representado por el Gobierno, no ha sabido transmitir con simplicidad la idea. La idea es compleja, es integral, es en exceso humana, he allí su bondad. El papel antagónico de los medios de comunicación y los partidos políticos tradicionales (incluyendo los oficiales) son otra variable más a ser profundizada en otro ensayo.

Sin ánimo de ser maniqueistas, y reconociendo las bondades implícitas en la tecnología actual, en relación  a lo antes expuesto nos preguntamos ¿No es acaso una locura que en un tiempo en que la dinámica global, los poderosos de la tierra y el status quo nacional apuestan por la despolitización, la deshumanización, el aislamiento del ser humano, en Venezuela nos determinemos a impulsar un proceso de participación basado en el encuentro de los individuos de carne y hueso (ciudadanos y ciudadanas)? ¿No es acaso una locura que el tiempo en que más confort individual hay en el seno de nuestras casas, seamos llamados a resolver los problemas colectivos que hay en la calle, desde la calle? 

Por nuestro carácter periférico, y por la visión que da la perspectiva del contexto nacional e internacional, dudo que el modelo económico en Venezuela , fundamentando en la actividad rentista y sus sujetos de consumo, esté desgastado, MÁS BIEN ESTÁ AGUDIZADO; así que, sea por excesiva liquidez, tracalería y viveza, asistencialismo paternalista, o vanidad y alienación del consumidor explotado, en una futura privatización de PDVSA, sea con este Gobierno u otro menos estatista y más neoliberal por decir algo, la población seguirá portando los elementos des-socializantes del confort globalizador (que no sea esto una excusa para alegar un viraje total hacia un modelo de representatividad que desconozca los aportes de la organización popular y la participación ciudadana lograda hoy día). Es una amenaza o condición innegable. Estamos plenamente seguros que seguimos atrapados en un falso dilema de la polarización, o bi-polarización, causado por el Gobierno, la Oposición Oficial y las corporaciones Mediáticas,  producto del desclasamiento (ausencia de conciencia de clase, inducida) de las grandes mayorías, cuestión que nos obliga colectivamente a esforzarnos más en dar ejemplo, de lo efectivo y transformador que es la participación en los asuntos comunitarios y comunales ante el inmenso segmento de la población que no ha roto la membrana de sus conciencias para el entendimiento de la verdadera participación, la que revoluciona. La intolerancia, la hipócrita consigna de no-violencia de los violentos, el silenciamiento de las bases ante una mal llamada “clase política” corrompida, así como el control remoto con el que los mismos aprovechados de siempre tratan de dirigir a las olas juveniles desde las redes sociales en el exterior y en la “comodidad” de sus casas, debe trascenderse mediante la necesaria dinamización y socialización de la discusión de las verdaderas causas de la multiforme situación nacional e internacional. 

¿Cómo?

Debatamos pues.




P.D. Algunas cuestiones balbucientes.

Autocrítica previa a la publicación de esta RelampaNota:

Hay cabos sueltos para el debate. El tema de la polarización, la partidización y la politización (o concienciación), son cuestiones a profundizar en su identificación contextual.

Es innegable que la profundización de los procesos democraticos, sean directos o indirectos, tienen un gran costo. Es necesario invertir mucho dinero, y sin el ingreso fiscal relativo a la actividad extractiva del petróleo tal profundización, en este contexto, sería casi inviable. Siendo esto así, las políticas impulsadas por Chávez al inicio de su mandato son fundamentales, ver: VENEZUELA Y LA ESTRUCTURA DEL CONTROL INTERNACIONAL DE LOS PRECIOS DEL PETRÓLEO, CASO OPEP. Aunque se hace inevitable también avanzar hacia una política de reducción de la producción petrolera, ver : El centro de gravedad:¡Reducción de la producción!

Por otro lado, en lo relativo a la participación. Uno de los análisis que hacíamos en Mérida, posterior al 7-O del 2012, fue el relativo a la legitimación del sistema electoral burgués (occidental), con 80,49% de participación de la población votante (Ver: 7-O: ¿GANÓ LA PLUTOCRACIA O GANAMOS LOS REVOLUCIONARIOS?), cifra que casi mantuvo sus estándares en los comicios del 14-A de 2013, con 79,68%. Cuestión que no desestima el avance de la participación ciudadana, pero que no debe convertirse en piedra angular del análisis de lo participativo protagónico. Es parte de un todo. La diferencia en el terreno electoral representada en 603.553 votos perdidos por quienes apostaban por la propuesta "socialista" en 2013 no puede ser vista como una falta plena de conciencia de clase en ese segmento, pero tampoco hay que dar por sentado que los votos que conforman cada polo responden con claridad a "reconocer" o “desconocer” conscientemente el espíritu de la democracia propuesta y en construcción. Sin embargo, como decía un compañero de debate hace poco, palabras más, palabras menos: lo importante es que estamos debatiendo con conciencia y libertad estos temas que antes estaban tras el velo.

Por otro lado, pese a las contradicciones manifiestas en la superestructura por la agudización del modelo económico a lo interno, es pertinente, dejar claro que como parte fundamental de ese todo al cual pertenece el sistema electoral, el esfuerzo por desarrollar la socio-productividad partiendo de las organizaciones de base del poder popular, es la manifestación más integral, que da un carácter más desafiante a la Locura de Venezuela, que en resumen, para quien escribe, es la ampliación y profundización de la democracia mediante el impulso de la participación fundamentada en una transformación sustancial de las relaciones humanas, en un mundo velado que necesita con desesperación volver a la relación armónica ancestral entre hombre, mujer, y naturaleza, y por qué no, con el mismo Dios no conocido. ¿Será entonces necesario dar valor a la incomodidad de salir del confort?).

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